18 de abril de 2008

¿LA QUIERES?


Cuando miro a las estrellas
que irradian el firmamento,
oigo una voz que me dice:
-¿La quieres?,
y yo respondo: ¡la quiero!
Y cuando en la intimidad
vuelvo a recordar mis sueños,
de nuevo yo me pregunto:
¿es solo que lo parece,
o en verdad es que la quiero?
Una y otra interrogante
cuestionan mis sentimientos,
saber por qué ella me quiere,
y en saber por que la quiero.
Te quiero por ser mujer,
por ser un cielo te quiero,
te quiero por tantas cosas
que enumerarlas no puedo.
Te quiero por ser bonita,
te quiero por ser un cielo
con estrellas y con luna,
con sol en el firmamento.
Son tus ojos, tu mirada
son tus labios, son tus besos,
el latir del corazón,
la calidez de tu cuerpo.
Que me dicen tus miradas,
que tus mohines, tus gestos,
y por mucho que obstino
solo leo en tus labios
amor, cariño, te quiero.
Despertaste en mi el amor,
la ilusión y el deseo;
me despertaste a la vida
que languidecía presto.
Fue el calor de tu mirada,
el celo de tus desvelos,
las palabras que de tu boca
sin pronunciarlas salieron.
En sueños yo te veo,
en vigilia te deseo,
te tengo siempre en mi mente,
es obsesión, es anhelo.
Mi alma vuelve a vibrar
ya tan solo cuando pienso,
que tu, en algún lugar,
sientes nostalgia y deseo
de unir tu cuerpo a mi cuerpo.
En tu mirada he leído
palabras tiernas de amor,
y de tu boca he livado
las savias de tu pasión.
Yo he sentido palpitar
tu corazón junto al mio,
he recibido en mi boca
el jugo que de ti ha fluido,
fruto de la pasión. del amor y del cariño.
He besado con pasión
y acariciado tus pechos;
tu cuerpo lo he recorrido
con caricias y con besos.
Y si acaso te preguntas
que ha despertado en mi tu alma,
te diré: que tu presencia,
tu cordura, tu prestancia,
y tu mirar cara a cara.
He percibido con ansias
el aroma de tu sexo,
y enloquezco al percibir
los efluvios de tu cuerpo.
Siento tu cuerpo vibrar
con sensaciones extrañas,
con gemidos, con espasmos,
al sentir en tus entrañas
la fuerza de tus orgasmos.
Tus lágrimas veo brotar
de beatífico placer,
cuando susurro a tu oído
y repito sin cesar:
¡te quiero, cariño mio!
No se puede poner leyes
al amor entre humano;
el cariño vuela y vuela
sin saber cómo ni cuando.
Que el cielo sepa entender
que todas nuestras acciones
son nacidas del amor
entre una mujer y un hombre.
De Oscar Martinelli a Bárbara Kalmus, con cariño.

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