17 de marzo de 2013

Moisés Fernández Villar. (Poeta)

Hace unos días, por casualidad, tirado en una escombrera encontré un pequeño librito  de edición aparentemente casera, (aunque fue editado realmente, diseñado e impreso en la copisteria Effingo de la calle El Coso,.número 97 de Zaragoza) con tapas deslucidas por el sol y las inclemencias del tiempo. Lo abrí y me encontré unos versos muy bonitos y emotivos, así que le quité el barro seco y me lo llevé para casa.
Luego, tranquilamente miré las ilustraciones y al ver la fotografía del autor recordé que su cara me era conocida. Éste poeta acostumbra a ponerse en las puertas de la libreria General de ésta ciudad, y pregunta a los transeuntes ¿Te gusta la poesía? y luego intenta vender sus versos.
Creo que tenemos muchos escritores anónimos que son una maravilla.
El título: EL JARDÍN DE LA ROSA MUERTA.

En su primera página dice:
Moisés Fernándes Villar, nació el 15 de Agosto de 1962 en El Ferrol. La Coruña. Buscador inagotable de sentimientos, alcanza su profundidad romántica a dinales de los 80, tras la huella de Gustavo Adolfo Becquer que le da mas luz a su insiparación.
La muerte, la soledad, el desamor son una constante en su poesía. Ensalza los valores espirituales, dejando atrás como buen romántico, la materia y el mundo.
Y la decicatoria:
Al amor que siento por vosotras flores de la inmensidad de los espacios y a ti radiante y creativo atarecer que guardas dentro de ti el alma de todas las noches.

I   Soledad

Hay algo que se va de la vida
que siempre siento
es algo que no muere
ni tampoco veo.
Lo busco en el agua, en la flor
y tambien  en el viento
y solo el alma . puede llegar
a perderlo.
Y cuando el corazón, con un suspiro
me dio aliento
comprendí que era el dolor
de un triste sentimiento.

II   Soledad

Plácidas sean tus noches
sobre el sueño que se
estremece,
bajo las sombras espectrales
de muertos que aparecen,
se enconden por lo oscuro
y vagan por la mente,
pero vuelven a sus tumbas
antes que tu te despiertes.

III   Soledad      (A Ruth)

Quien pudiera plasmar la ausencia
en la lógica de mi destino
que a mi muerte. un solo recuerdo
después de muerto, solol olvido,
pero en el fondo de la idea
yo sé que aún existo,
como una flor sobre una tumba
bajo un nombre nunca escrito,
y tal vez cuando me encuentre
en un espacio perdido
pensaré dentro de un sueño
con las sombras del cariño
que me harán sentir nostalgia
en la senda del olvido.

IV   Soledad

Algo hermoso tienen tus ojos,
que como un mágico resplandecer
llenaron de luz aquel instante
envolviendo todo mi ser,
bellas serán todas las tardes
y tan divino el anochecer,
que no habrá mas instantes
que momentos del querer,
y como ese Dios que nos inspira
el talante del saber,
suspirarán todas las flores;
¡si la tristeza!
ahoga de penas nuestro entender,
y sus pétalos como lágrimas,
caerán sin saber por qué,
pero el tiempo traerá los recuerdos
y el pasado te hará entristecer,
por este amor que solo tenía
la esperanza de un atardecer,
y dejando caer en tu mano
los recuerdos que no guardé,
se transformaron en amapolas
del jardín que tanto amé.

V   Soledad

De dudoso espacio que semeja
a la oscura muerte de mis sueños,
se encuentra el lago de las Hadas
y el bosque frondoso del deseo,
y mas allá de donde puede mi memoria,
donde camina el progundo pensamiento,
desfallece en el jardín de las ideas
la rosa que inspira los recuerdos,
quien pudiera clavarse en sus espinas
para poder dar luz al sentimiento,
pero al límide de la cruel inteligencia
del marchito corazón de un muerto,
se alza poderosa y solemne,
la escribanía musical de un verso.
Quien del árbol de la vida
en el límite del profundo sueño,
pudiera coger entre sus manos
aquello de lo puro y eterno.
Pero el Áspid de la muerte
cuando inyecta su veneno,
se transforma en la conciencia
espectral de los infiernos,
mas al fondo de lo oscuro nace
dela púrpura esencia de los genios,
paraíso de la ciencia inagotable
la filosofía que solo es de los
muertos.
¡Quien pudiera contemplar con sus
ojos!
donde muere la esencia del tiempo
en el profundo silencio de la nada
la luz que enciende los sueños.


VI Soledad

Sólo de una esencia he de morir,
en la derrota moral de mi existencia
grabando en mi alma, al sentir
la cruel sensación de mi tragedia,
quien se aleja de vivir
de la duda de su conciencia
quién se acerca a la muerte, al latir
el corazón de su propia existencia,
quién logre estar sin sentir
será como hojas caídas y muertas
y nunca el vivir de su tragedia
más el que borre su existir,
de su destino las huellas
nunca podrá sentir
la vida que tuvo y que no era.

VII   Soledad     (Zaragoza a día 6 de junio del año de Nuestro Señor de 1995)

En la noche que yo encuentre
una rosa sobre mi cuerpo
y una Dama esté llorando
entre suspiros y lamentos
ho haya silencio profundo
que todos hablen de mi a un tiempo
y haya floridas fragancias
de rosas, sándalos e inciensos,
y cuando yo sienta un respiro
entre la agonía y el sufrimiento
esa noches mi tristeza
me dirá que ya estoy muerto.


 
IX   Soledad
 
Dulces son los momentos
cuando brota el amor,
sin saber la razón
ni compender lo que siento,
mas del secreto profundo
de lo que es mi deseo
nacen en mí, las noches
surgen, sin querer los sueños,
y llorando entre suspiros
amarguras y tormentos,
buscando en las palabras
compuse todos los versos.
¡Uy! si de mi se fuese
lo marchito de mi tiempo,
volvería a ser feliz,
viviría dentro de un sueño,
y ese árbol del camino,
camino que nunca veo,
árbol siempre olvidado
dentro del pensamiento.
 
 
 

X   Soledad

Cuando lloro al ver en tí, la muerte
desde este habitáculo oscuro,
de soledad,
que inunda de forma inconsciente
mi alma, mi vida y mi pesar,
y en la sombra de tu rostro,
que duerme,
veo recuerdos, que a mi pesar,
son los instantes que nunca mueren
en el momento de un suspirar,
y esa violeta que tu mano sostiene
de esa manera tan inmortal,
llenar de fragancia quiere
esa tu rígida extemidad.
¡Como puede Dios! tanta tristeza
este santuario albergar
entre velas ceñidas de rojo,
apresurándose ya a su final,
y de la oscuridad profunda
de este cáliz inmortal,
surge una luz tenue que alumbra
a través del roto cristal
rompiendo con mágico instinto
esta penumbra de soledad,
y mecido en el claro de una sombra,
dejado por alguien sin pensar,
al borde de un lienzo apagado
un recuerdo me hace llorar.
XI   Soledad

Quise buscar en los sueños
una estrella que me guiara
por los senderos oscuros
de la tristeza del alma,
y al mirar sobre mi mano
temblorosa imaginaba,
el brillo azul del fuego
del crepúsculo del alma.
Luz de un amanecer
que alumbra mi esperanza,
por aquel triste sendero,
sendero triste del alba.
Quisiera que entre rosas
y violetas despertara,
la caricia de la amante
soledad que me acompaña,
dramatica es la esencia
de la vida recordada,
de ese lado oscuro
donde mueren las palabras,
de una sombra que camina
en el umbral de la nostalgia,
tras la senda de los sueños
en una tumba abandonada.
Penas que se pierden, con
el llanto de mis lágrimas,
eterna muerte de las noches,
noches del fondo del alma,
apagadas son las sombras
que en la penumbra vagan,
en los lugares ocultos
donde los sueños descansan.
XII   Soledad

Si de los claros de la vida brotara,
de la inconsciente senda del olvido,
la idea del recuerdo que perdura
en la mente de quien llora con delirio,
permanece en la tumbra de sus días
su nombre al transcurso de los siglos,
como imagen de altar dentro del tempo,
como un ente oreado de sí mismo,
sus letras escritas en un mármol
ocultan los senderos del destino,
pero si llega el otoño de su muerte
sus huellas perdería en el olvido,
amargo este sentir de la memoria
que evoca la tristeza del instinto,
incesante resurgir de las ideas
que orean sufrimientos y castigos,
se perdió sin querer entre los sueños
y al despertar creyó haber sentido,
sobre él, el fuego de la muerte
en la oscura penumbra del suicidio,
nostalgia eterna de sus noches
en la clara transparencia del espíritu,
en su tumba las rosas del destino,
quizás algún día la tristeza
encienda lo oscuro de sí mismo,
como un hilo de oro bordado
sobre un lienzo negro de lino.
XIII   Soledad

Llantos que la soledad evoca
tras las oscuras sombras del olvido,
tristezas de aquel pasado,
momentos que están perdidos.
¡ Que venga la muerte !
apagando mis sentidos,
y la luz de fuego eterno
que ese amor  ha encendido,
se muera inconsonante
con mi último suspiro,
rejas de mis recuerdos,
de pensamientos que están escritos,
como oraciones a Zeus
en las Plateas del Olimpo,
frases del corazón
que como hojas se hjan caído,
tras la sombras del otoño
que entristeció mis sentidos,
lagunas de ese infierno
que fue soledad y olvido,
lágrimas del fracaso
de un ser incomprendido,
por el desamor y la tragedia
que ensombrecen su destino.
¿Por qué sobre las piedras
que veo en mi camino ,
no brotan amapolas
que perfumen mis mis delirios?
¡Ay, Dios! si todo muere,
solo habrá tormento y castigo
para este ser que ha amado,
en la sepultura de su destino.
Teresa

En la penumbra de mi hora
cuando tus ojos se han dormido,
tras el tul de la ventana
lloran los años perdidos,
y las lágrimas que entre sollozos,
como pétalos han caído.
aliviando los instantes
y mis agónicos sentidos.
cogí tu mano durmiente,
y al ver tu rostro complacido
inundé de amor tu alma
entre caricias y suspiros,
pero la eternidad de mi mente,
de la soledad de mis sentidos
brotaron incesantes los recuerdos
ya perdidos.
¡Por qué! los sueños de tristezas
invaden los momentos mas queridos,
como llamas que en la noche
deslumbrab el infinito.
Aparté el cabello de tu rostro
e imaginé tu párpado encendido
por hermoso haz de colores
de violetas y amarillos,
y al resplandecer de la aurora,
como un sueño revivido,
en la oscuridad remota de las sombras
inspiraba la ternura del instinto.
TGriste el don de la existencia,
morada inconsciente del suicidio,
que penetra en el mundo de las luces
del cristal transparente de si mismo.
¡Ay! amor, despierta tu alma
y acerca tu rostro a mi respiro,así se aparagán los llantos
de la nostalgia profunda del cariño.



  A continuación viene la fotografía de Moisés, un homber delgado, no parece demasiado alto, con una frondosa barba negra, con la pluma en la mano, y bajo su imagén los siguientes versos:

... Y otra vez, sobre la cayada lira
el sol sus rayos dejará,
como aquel que esgrime el sentimiento
cuando quiere algo expresar.

Zaragoza, 2002  y firma.


Espero que te vaya bien, Moisés.

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